De Lobo a Perro; Historia de una Simbiosis

Llevamos decenas de miles de años caminando por el planeta Tierra. Un camino que no hemos hecho solos. Diversas especies animales nos han acompañado, nos han dado calor, nos han nutrido y nos han transportado de un lugar a otro. Han cargado con nuestras cosas más pesadas. Han arado nuestras tierras. Nos han protegido de las alimañas controlando sus poblaciones para evitar que devorasen nuestros cultivos o propagasen enfermedades. El hombre, en su avanzada capacidad cognitiva, se ha aprovechado de estos compañeros que en silencio nos acompañaban. Los seleccionó a su parecer, buscando las ovejas más mansas y manejables, las que diesen mejor lana, los cerdos más rollizos, las vacas más lecheras y los caballos más rápidos, más robustos, más resistentes o más ágiles. Nuestras manos han conseguido transformar al auroch en una criatura serena y pacífica, al vigoroso muflón en un ser tranquilo y dócil y al gallardo caballo salvaje en equinos para todo tipo de utilidades.

Sin embargo, existe uno que fue el primero de todos. Sin este primer experimento del hombre, es muy probable que nuestros ancestros nunca se hubiesen planteado domesticar y modificar a la fauna salvaje que les rodeaba. Uno que estuvo allí desde el principio, que nos ha acompañado durante milenios y se ha convertido en el carnívoro depredador más exitoso del planeta, con una población superior a 2000 millones de ejemplares según la OMS. Uno que, cuando el caballo se ha convertido en un pasatiempos de gente con dinero, cuando el burro está al borde de la extinción y las fibras sintéticas dan una alternativa a la lana de las ovejas, sigue a nuestro lado.

De lobo a perro; Análisis Genético

Durante mucho tiempo la ciencia se ha negado a estudiar al perro como especie y, más allá de clasificarlo con el nombre científico de canis familiaris, ha rechazado estudiarlo en profundidad. La razón era que, al ser una especie doméstica, se consideraba un animal impuro, mancillado por la mano del hombre y carente de comportamientos naturales. No era un “animal de verdad”. Eso nos ha llevado durante el último siglo a un vacío empírico en lo que era la verdadera naturaleza del perro, donde se establecieron paralelismos entre el lobo y el perro para entender mejor los patrones conductuales del segundo. De ahí surgen corrientes como el instintivismo (algo que trataremos en más profundidad en un artículo dedicado a ello).


Ejemplar de lobo euroasiático (cortesía de Wikimedia Commons)

Los que establecieron dichos paralelismos no estaban del todo equivocados, pero tampoco estaban del todo en lo cierto. Estudios Genéticos han demostrado que no sólo el lobo es el pariente más cercano del perro, sino que el perro es, esencialmente, una subespecie de lobo, lo cual llevó a cambiar el nombre científico por el de canis lupus familiaris. Entre ambos animales existe una divergencia genética de entre un 0,04% y un 0,21%. Sin embargo, no debemos olvidar que el hecho de que sean, en esencia, la misma especie no los convierte en la misma etoespecie. El vínculo con el hombre y la manipulación que hemos hecho del perro durante los últimos milenios los han alejado de sus parientes lo suficiente como para representar un cuadro conductual específico en ellos.

Teniendo claro que la divergencia genética de lobos y perros es tan baja que los perros son, en esencia, una subespecie del lobo gris, existe discrepancia entre cómo ocurrió ese proceso de domesticación y cuando se inició. En un estudio sobre el ADN mitocondrial de los perros se analizaron muestras de ADN mitocondrial extraídas de fósiles de cánidos primitivos encontrados en Italia y se compararon con muestras extraídas de 547 perros de raza y 341 lobos. Los resultados que se obtuvieron fueron una vinculación entre lineas maternas de perros domésticos y lineas maternas de lobos de origen mayoritariamente de Europa del Este. No sólo eso, sino que además se vieron evidencias de diversos procesos de domesticación simultáneos e independientes entre sí, y no un único proceso. Sin embargo, otros estudios discrepantes señalaron que el origen del perro se encontraba en el este de Asia, en un único proceso de domesticación. En cualquier caso, dictaminar el origen del perro no es tarea sencilla, y los estudios que podemos encontrar al respecto no están sin sus detractores.

También polémico es establecer el punto donde divergen las dos lines genéticas que dan lugar a ambas especies, la del lobo gris y la del perro doméstico. Como hemos visto en los estudios previamente citados, la divergencia genética entre las lineas matriciales de perros y lobos podría datar de entre 76,000 años a 135,000 años. Otros estudios consideran que la divergencia es algo posterior, entre 40,000 y 15,000 años atrás, lo cual choca con algunas evidencias arqueológicas de perros de una antigüedad próxima a los 33,000 años de antigüedad.

Lo que podemos saber con certeza es que el origen del perro es tan fascinante como complejo . Negar la influencia del lobo gris europeo en las lineas genéticas de los perros domésticos actuales sería un absurdo dadas las evidencias. No obstante, estudios que se han centrado en analizar la genética del dingo australiano parecen evidenciar el origen asiático del perro. En cualquier caso, la posibilidad de que se traten de diversos procesos de domesticación simultáneos y no de un único proceso parece ir cobrando fuerza a medida que aparecen más evidencias.

Evidencias arqueológicas;

Pintura rupestre donde se puede apreciar claramente un perro.

Establecer evidencias arqueológicas sobre el origen del perro parece ser lo más evidente, pero también puede ser bastante más complicado de lo que parece. El proceso de domesticación no ocurrió en dos días y diferenciar morfológicamente a partir de restos óseos aquellos perros primitivos de sus parientes, los lobos, es bastante complicado. En un experimento conducido por Belyaev, en Rusia, durante cuarenta años, se vio claramente la influencia de la domesticación en una especie próxima al perro, el vulpes vulpes. Con el paso de las generaciones se empezaron a apreciar diferencias en la morfología de los zorros, que los diferenciaba de sus hermanos salvajes. Mantos a manchas, patrones en el pelaje similares a los que podemos encontrar en nuestros perros, orejas caídas y colas curvadas. No sólo eso, también se empezaron a apreciar patrones conductuales diferentes, zorros que movían la cola y ladraban, evidenciando un aumento de la neotenia. En los análisis sanguíneos que se le practicaron a los zorros se llegó a ver índices de adrenalina más bajos que en los de sus hermanos salvajes, lo cual parece evidenciar que al encontrarse en una situación de confort y no de supervivencia, la necesidad de un estado de alerta constante disminuye.

Ejemplar de zorro domesticado en el experimento de Belyaev.

En este experimento, sometido a un estricto control, se pudieron apreciar estas evidencias con las que poder establecer un paralelismo respecto a los perros. En los perros, no obstante, el proceso fue posiblemente mucho más lento y el cruce con lobos salvajes seguramente ralentizó estos cambios morfológicos. A eso se suma que el perro primitivo, ese que acompañaba al hombre primitivo, se encontraría como este en estado de supervivencia, lo cual haría que se siguiesen manifestando ciertas cualidades que le harían muy semejante al lobo. De ahí que, pese a lo que nos digan los estudios genéticos, las evidencias arqueológicas sean tan limitadas.

Debido a esta escasez de evidencias anteriores a los 15,000 años de antigüedad, el origen del perro se situaba hasta recientemente alrededor de esas fechas; entre 15,000 y 10,000 años de antigüedad, alrededor del momento cuando aparece la agricultura y el sedentarismo de la especie humana. Sin embargo, en un acto revolucionario reciente, se han descubierto finalmente esas evidencias arqueológicas que nos muestran un origen del perro muy anterior a lo que se creía hasta este momento. Los fósiles, restos del cráneo de un cánido de gran tamaño, datan de entre 31,000 y 33, 000 años de antigüedad y por su estructura morfológica se ha determinado que no pertenecen a lobos, sino a perros. Esto pone de manifiesto lo que ya se empezaba a evidenciar a través de estudios genéticos, que la antigüedad del perro es mayor de la que se creía, que nos ha acompañado durante decenas de milenios y que su origen es variado y no monocéntrico.

No es menor la importancia que los pueblos primitivos daban a los perros. De todos es conocido el tratamiento que los antiguos egípcios daban a sus gatos, animal que consideraban sagrado. De los perros se ha hablado menos, quizás porque siempre nos han acompañado con esa presencia silenciosa y tranquilizadora, y no le hemos dado demasiada importancia. Descubrimientos arqueológicos han encontrado sepulturas de perros engalanados con todo el ajuar mortuario que se dispensaría a una persona, demostrando que nuestros primitivos ancestros valoraban, y con razón, la compañía de estos animales.

La Relación Simbiótica;

A estas alturas es posible que ya comprendamos un poco los procesos genéticos que dieron paso a la domesticación, pero lo que aún no sabemos es el cómo y el porqué. Esto es objeto de debate entre diversos científicos ya que no existen evidencias claras que nos ayuden a comprender cómo comenzó ese proceso y los motivos que dieron a ello. La idea popular es que el humano cogió cachorritos de lobo de las madrigueras y los adiestró para conseguir buenos cazadores y, a través de generaciones de crianza selectiva, apareció el perro. Esta teoría popular no se sostiene por ningún sitio. La experiencia de la domesticación no existía y, sin desmerecer la inteligencia sobradamente conocida de nuestros ancestros, es altamente improbable que a ningún hombre primitivo se le ocurriese semejante proeza. Diferente es la aplicación de la domesticación sobre otras especies cuando ya había surgido aquella primera experienca. Es decir, no empezamos a construir catedrales hasta que comprendimos cómo se construían las cabañas de madera.

Los Coppinger consideran que el origen del perro pudo estar en los llamados “lobos de campamento”. El lobo es un animal genéticamente tímido y asustadizo, aunque trabajos de impronta han conseguido que cachorros de lobos criados con humanos se habitúen al hombre. Esto no quiere decir que se vuelvan mansos, pero sí se consigue que no sean tan asustadizos como ejemplares nacidos en libertad. Aquí podemos llegar a pensar que o bien el lobo siempre ha sido así, o las persecuciones de ejemplares a lo largo de los siglos han favorecido la supervivencia de aquellos más tímidos y huidizos, que son los que han transmitido los genes a las generaciones consiguientes.

En cualquier caso, el lobo de campamento serían aquellos lobos genéticamente más predispuestos a acercarse a los asentamientos humanos para alimentarse de sus despojos. A lo largo de las generaciones, estos lobos de campamento y el hombre habrían establecido una relación simbiótica por la cual ambos se habrían favorecido mutuamente. El lobo brindaría protección y calor al hombre y ambos serían más efectivos en la caza, lo cual les habría permitido obtener una cantidad de alimento mayor que actuando a solas.

Pintura rupestre de un hombre y un grupo de perros o lobos cazando una cabra montesa.

Sin embargo, según Juliane Kaminski como pudimos ver en su seminario para Educan, El Perro Social, y según las evidencias científicas que tenemos hasta el momento, el origen del perro es muy anterior al de estos asentamientos humanos que podrían generar una gran cantidad de desperdicios. Hace 30,000 años, como evidencian los descubrimientos arqueológicos, el humano vivía una vida nómada, de cazador recolector, con lo cual no generaría una cantidad de desperdicios de manera regular tan alta como para favorecer esa relación en inicio interesada. Juliane considera que era más probable que el inicio de la relación se diese en la caza misma, donde lobos y humanos se unían para abatir las grandes presas que habitaban por aquel entonces el continente Euroasiático. Este punto además viene evidenciado por el hecho de que los lobos son capaces de seguir la visión humana . Es decir, vemos aquí una predisposición colaborativa entre ambas especies.

En cualquier caso, sea cual sea el origen del perro, lo que es innegable es que su compañía a lo largo de estos milenios nos ha resultado más que útil. Existen incluso hipótesis que consideran que la diferencia entre los neandertales y los homo sapiens, y la que favoreció la supervivencia de los segundos frente a la extinción de los primeros, fue que los segundos tenían perros , lo cual les dio una evidente ventaja en la caza de la cual carecían los neandertales. Es muy posible que de no haber sido por los perros, nuestra especie hubiese seguido los mismos pasos que el extinto neandertal.

Fueron los primeros. Sí, luego el hombre domesticó ovejas, caballos, vacas y hasta a la propia vegetación, transformándola a su parecer para crear microecosistemas de abundancia que permitió un rápido crecimiento demográfico y la expansión por todos los continentes del planeta. Nos hemos convertido en uno de los animales más exitosos del planeta Tierra. Hemos viajado a lomos de nuestros caballos, que luego se transformaron en carros, y de carros a coches. Hemos adaptado nuestro organismo al consumo de lácteos. Hemos aprendido a tejer con la lana de las ovejas. Pero ellos fueron los primeros, y sin esa primera experiencia, sin esa primera vez en la que los lobos se acercaron al hombre, quizás para cazar, quizás para rapiñar comida, todo esto no habría sido posible.

Beagle trabajando en detección de olores en un aeropuerto.

Nos ayudaron en la caza. Después empezaron a carear nuestras ovejas, a proteger nuestros rebaños de los depredadores y los ladrones. Nos protegieron a nosotros de maleantes y nuestras propiedades de cacos. Fueron compañeros en la batalla durante las guerras. Aún hoy, son nuestro olfato para detectar sustancias y hasta enfermedades, son los ojos de los que no pueden ver, son compañeros de discapacitados y alejan la soledad de los ancianos. Incluso existen evidencias de que la tenencia de perros trae beneficios para la salud , evidenciando cambios a nivel fisiológico en nosotros mismos a raíz de esa relación simbiótica que se estableció hace decenas de miles de años.

Ellos fueron los primeros y tenemos mucho que agradecerles.

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